El Yoscopio

La nota discordante

Carta al Ministro Celestino Corbacho

Publicado por mikiencolor en 28 Noviembre 2009

En los próximos días enviaré la siguiente misiva al Ministro de Trabajo e Inmigración con copia al Presidente Zapatero y la Ministra de Economía Elena Salgado. Es, simplemente, una propuesta para el anteproyecto de ley de Economía Sostenible y reza así:

Atn.: Celestino Corbacho Chaves
Ministro de Trabajo e Inmigración
Gobierno de España
C/ Agustín de Bethencourt, 4
28071 MADRID

28 de noviembre de 2009

Estimado señor Ministro:

Le escribo a título personal y como ciudadano. Quisiera saber si, con respecto al anteproyecto de Economía Sostenible, se contemplan medidas para estimular el trabajo en régimen de autónomos. Específicamente, me preocupa que a estas alturas no se plantee una rebaja o la supresión de la tasa mínima (210€ al mes) que deben abonar los autónomos a la Seguridad Social independientemente de los ingresos que perciban por su actividad económica.

Ruego considere el efecto negativo e inhibidor que tiene esta tasa sobre la iniciativa autónoma, sobre todo para aquellas personas de recursos limitados como para hacerle frente. El efecto es que sólo aquellos que se encuentran en una situación económica desahogada se atreven a asumir una tasa que bien podría superar sus ingresos durante sus primeros meses de actividad, aunque a la larga con dicha actividad pudiesen ser perfectamente solventes. Asimismo, los demás, aunque tengan ideas dinamizadoras, innovadoras y/o económicamente viables, se ven ahuyentados. Yo mismo, que soy traductor, me habría hecho autónomo hace tiempo si no fuera por el riesgo que me supone asumir esta tasa en los primeros meses de actividad.

Por todo ello, me gustaría proponer para su consideración y para que, si usted lo estimara oportuno, se lo comunique también a quienes les concierna en el Gobierno como posible medida adicional de la ley de Economía Sostenible, la supresión, durante los primeros dos años desde el alta en el régimen de autónomos, de la tasa mínima que actualmente deben abonar los autónomos a la Seguridad Social, o su sustitución, al menos durante este periodo, por un impuesto progresivo cuya cuantía dependiera de la renta devengada por la actividad económica ejercida.

Con un impuesto progresivo la renuencia a hacerse autónomo sería mucho menor ya que a un impuesto, siendo éste un porcentaje de los ingresos, siempre se puede hacer frente sin entrar en números rojos, pero no así a una tasa que, como digo, con una actividad baja como la que suelen tener los autónomos en los primeros meses del ejercicio de su actividad y desde su alta (máxime con la reducción de demanda y consumo que acarrea la crisis), puede incluso llegar a superar los ingresos que perciben.

Muchas gracias por su atención,

[Yo mismo]

Publicado en Uncategorized | Etiquetado: , , , , , , , | Deja un Comentario »

La mendiga

Publicado por mikiencolor en 6 Septiembre 2009

Anecdotario madrileño

Madrid es a menudo una ciudad surrealista. Nunca sabes lo que te vas a encontrar cuando sales a la calle. Todavía recuerdo con diáfana claridad cómo, hace ya un año, me bajé al quiosco una mañana a comprar Público y, al llegar a mi destino, me encontré a una anciana discutiendo a voces con el quiosquero. Tampoco es que me interesara mucho así que no les presté atención. Pero cuando cogí el periódico y fui a pagar, la señora se volvió hacia mi y, mirándome como si con Salomón se hubiera cruzado, inquirió «¿Y tú qué opinas?» Me quedé pillado. «Eh… ¿de qué?» Y me lanza ella una pregunta que difícilmente olvidaré pues es la que menos me esperaba: «¿Qué es más importante, fumar o llevar al perro al veterinario?» Por un instante me dejó anonadado. ¿Cómo es que siempre me encuentro en situaciones tan absurdas?, pensé para mí. Pero me lo había puesto muy fácil. El dilema ético que me planteaba la señora era de tan sencilla resolución que ni siquiera me hizo falta pensar. ¡Si ni siquiera soy fumador! ¡Si me encantan los perros! No me costó contestarle enseguidamente, y aun sin salir de mi desconcierto. «Pos… llevar al perro al veterinario.» sentencié con la convicción salomónica que exigía la ocasión. Ella volvió a dirigir la mirada al quiosquero, a quien ya se le dibujaba una expresión de niño regañado en el rostro, y le espetó triunfante «¡Ves! ¡Lo que te he dicho yo!» ‘‘, parecía decir el cabizbajo quisoquero con la mirada, ‘Lo sé. He sido un chico malo. Muy malo.

A veces Madrid, con su sorprendente amalgama de gentes variopintas, puede parecer el mundo al revés. Un día venía del trabajo y me bajaba a Atocha, camino de mi casa. Vi a un mendigo español, como tantos que hay, con un minino chiquitito a su vera para llamar la atención de los transeúntes. Cerca de él, un grupo de tres africanos salía de la estación. Iban bien vestidos y tenían pinta de ricos. El español se arrimó a uno y le pidió unas monedas y éste le devolvió la mirada, y por un momento se lo quedó mirando indeciso. Entonces pareció enternecerse. Hurgó un poco en su bolsillo y le dio unas monedas al mendigo. «Dios te bendiga.» Viví muchos años en Nueva York y aun así hay muchas cosas en esta vida que sólo he visto en Madrid. Una de ellas es a un africano subsahariano dar limosna a un mendigo europeo. Me sorprendí, pero no mucho.

Pero nada pudo prepararme para lo que encontré en Atocha pocas semanas después. Era hora punta. Me bajé a la estación por la misma rampa, pasando al lado del mismo mendigo con su gatito. Cuando llegué a la entrada de la estación, inmerso en las incesantes corrientes de personas indiferentes a todo lo ajeno a su ir y venir, por un casual me topé con una isla inmóvil en medio de la marabunta. Otra mendiga. Era una mujer madura y esmirriada de tez blanquísima, con su pelo cano recogido en una coleta y la mirada perdida.  Supuse que sería de un país del Este. Pero entonces abrió la boca. «Una moneda pa comer.» suplicó a la impertérrita avalancha humana que la sorteaba como si de una baliza se tratara. Me paré en seco, convirtiéndome brevemente en otra isla más, flanqueada por las corrientes. Casi me tropiezo y me caigo. Escuché de nuevo, esta vez con más atención. Y volvió a repetirse. «Una moneda pa comer.»

No cabía duda. Reconozco ese acento a leguas. No era del Este como había pensado. Era anglosajona. Probablemente estadounidense. Había visto antes a músicos callejeros estadounidenses sin reparar mucho en ello. En esta ciudad hay de todo. Pero nunca antes había encontrado a un mendigo estadounidense en las calles de Madrid. Menuda se ha liado con esta crisis, pensé. Me sentía en conflicto conmigo mismo. Vale es estadounidense, pensó parte de mí. ¿Te habrías parado si le hubieras notado un acento ruso? Madrid está lleno de gente de todo el mundo, y por lo tanto lleno de mendigos de todo el mundo. Ella no es especial. Pero no pude evitar preguntarme por el sino que la habría llevado a mendigar en esta colosal estación ferroviaria en el sur de Madrid capital.  ¿Era refugiada sanitaria? ¿No se iba la mayoría a Canadá? ¿Maltratada? ¿Se quedó sin nada por la crisis? ¿Trastornada? ¿Una combinación, quizás?

Me adentré nuevamente en la estación, reincorporado al flujo de gente y absorto en mis pensamientos. La voz de la mendiga yanqui seguía sonando una y otra vez en mi cabeza. Entonces me di de bruces con un par de abuelas typical Spanish. Eran tan recias, a decir verdad, que fue como chocar contra el tronco de un árbol. No sólo no me las llevé por delante sino que por poco me dejan tumbado en el suelo a mí. Aun así la falta era mía, que no había mirado por dónde iba, y me miraron expectantes. «Ay, perdonen.» dije cuando me hube cerciorado de que no iba a besar el suelo y me sonrieron satisfechas. «Nada, joven.» Pasé por el torniquete (en realidad ahora son dos puertecitas automáticas), me bajé al andén y me subí al tren que me correspondía.

«¡Cómo se nota que el gobierno sí invierte en Madrid!» me comentó indignada alguna vez la madre de mi compañera (catalana). «Qué diferencia. Estos trenes nuevos no circulan en Barcelona.» «Bueno» respondí escéptico, «los trenes más antiguos también circulan en Madrid, sólo que no en esta línea.» Pero no hubo forma de convencerla. «He viajado en varias líneas y no he visto ni un tren viejo.» Los trenes “viejos” a los que se refería tampoco es que vayan mal. El caso es que, aunque los españoles no se lo crean, el sistema ferroviario español es de los mejores del mundo. Los italianos se maravillan cuando nos visitan y hasta los británicos más chovinistas se deshacen en elogios de los ferrocarriles españoles. Sólo los que vivimos aquí nos permitimos el lujo de quejarnos de los trenes. Y de todo.

El caso es que me sentía desconcertado. España no es un país rico para ser de Europa, y tiene graves problemas económicos (el mileurismo, la dependencia del ladrillo y el turismo, el caciquismo, el choriceo y un largo etcétera). Pero se puede tener una buena calidad de vida. Algunos venimos a Madrid y, bueno… Ahí estamos. No nos va tan mal. Viajamos a casita en los trenes nuevos. Otros vienen y no les sale tan bien. Y ahí se quedaron. Algunos en Atocha.

Publicado en madrid, ocurrió en madrid | Etiquetado: | 2 Comentarios »

Momento de entrega

Publicado por mikiencolor en 2 Septiembre 2009

Sentados, encarados, piernas entrecruzadas, ella la toma entre sus dedos y se le acaba de endurecer en la mano. Miran encandilados sus cada vez más próximos genitales y de pronto suspiran, sobrecogidos por la repentina punzada de placer que les recorre las entrepiernas cuando ella arrastra lentamente el pene erecto entre los cálidos labios de su vulva. Según se envuelve en este afectuoso ósculo vulvar, el pene de él se cubre de una estela de humedad espesa que acaba por empaparlo del todo. Sale reluciente de la vulva de ella y el olor a sus sexos mojados impregna el aire. Vuelven la mirada hacia arriba y se miran a la cara admirados. Ojos grandes como platos, bocas abiertas y suspirantes, se lanzan exaltados, se enzarzan a besos urgentes, insistentes, mientras, desbordados por unas ansias rayanas a la desesperación, se acarician las mejillas con cariño frenético. Los cuerpos se juntan, las ingles se baten y el placer les viene en oleajes que les roban el aliento.

Publicado en ficción, relatos eróticos, sexualidad | Etiquetado: , , | Deja un Comentario »

Solo conmigo mismo

Publicado por mikiencolor en 26 Agosto 2009

Una noche, mientras estaba tumbado en la cama pensando sin cesar, como suelo hacer, me quedé dormido sin saberlo. En serio, continuaba rumiando lo mismo en sueños que había rumiado en vigilia, sin darme cuenta de haber sobado. Me encontraba tumbado en una cama y habitación oníricas meticulosamente recreadas, y mis pensamientos seguían su curso de manera ininterrumpida. Entonces, de súbito, sentía cómo una fuerza recia e invisible me agarraba el cuello y me empujaba hacia arriba por la cabecera, estrangulándome. Desde su perspectiva podía ver cómo me llevaba las manos al cuello y luchaba para respirar. En mi lucidez me era evidente que aquello era irreal y sabía que debía estar soñando. Sentía pánico, pero a la vez una extraña y enfermiza curiosidad, y como sabía que sólo se trataba de un sueño medía mi ansiedad y no me dejaba intimidar por la estrangulación, razonando que no se correspondía con ninguna asfixia en el mundo real. No deseaba despertarme, sino permanecer dormido para sentir cómo continuaba la vejación, casi para saborearla y entregarme en cuerpo y alma a ella. Al rato, el ente malicioso parecía decepcionarse con mi sosiego ante su terrorífica agresión y lo dejaba, sólo para luego volver a estrangularme con todavía más fuerza y ahínco, hasta que sentía que me faltaba el aire y, por mucho que razonara que en el mundo real no me asfixiaba, el horror ya superaba la curiosidad y sí deseaba despertar, cosa que conseguí tras un periodo de parálisis.

Al despertarme lo primero que noté fue que estaba solo conmigo mismo.

Publicado en sueños | Etiquetado: | Deja un Comentario »

Afán por escribir

Publicado por mikiencolor en 26 Agosto 2009

Siempre me ha gustado escribir, pero paradójicamente no mancho mi pluma. Tengo a la vez mucho que decir y mucho reparo a la hora de decirlo. A lo mejor es que tengo demasiado que decir y no sé sintetizarlo en un todo coherente, no sé. A lo mejor es inseguridad, miedo a enfrentarse al mundo. Sea lo que sea, he decidido que voy a tirarme al agua, aunque cueste lo suyo arrancar. Esta semana he estado probando una nueva técnica: escribir mi propia historia, mi vida. Autobiografiarme. Dicen que una de las musas más provechosas es uno mismo. Mi teoría es que, partiendo de una historia propia se la puede moldear, casi esculpiéndola, para sacarle al final otra forma que no tiene nada que ver con la original, con otros personajes y hasta otro desenlace, y sin embargo con una base tan sólida como pudo ser la propia realidad en un momento dado. Veremos a ver si funciona en la práctica.

Tengo dos impulsos: el de escribir historias tristes y deprimentes y el de escribir historias felices y esperanzadoras. De momento parece que no hay término medio. Soy una persona extremista, lo reconozco, y vivo mis emociones intensamente. Tengo muchos sentimientos dentro de mí, algunos odiosos, otros amorosos y compasivos. Los odiosos los reprimo muchísimo, y esto lleva a que me salgan en ráfagas, normalmente por la espita de la socarronería. Tengo que sacarlos todos, y con mis relatos se tratará también de eso: de sacar mis sentimientos.

Voy a escribir relatos eróticos, por varias razones. Primero, porque necesito hacerlo. Que yo sepa o haya visto, nadie escribe las cosas que yo deseo, fantaseo, imagino o, en algunos casos, ¡ni siquiera las que he vivido! Y sí, he leído mucho slash. Atender a mi sexualidad es una tarea pendiente para mí desde hace más de diez años y no quiero darle más largas. Por un lado, tengo que aclararme, y eso lo hago mejor por escrito. Por otro, tengo que explorarme. Y por otro, tengo que afirmarme.

La confusión sexual me viene de lejos, desde que descubrí el sexo. Más que confusión creo que es alienación. Puedo estar con cualquier grupo y cuando empiezan a hablar de sus gustos sexuales me siento como un bicho raro. Recuerdo cuando, en una ocasión, salí a tomar algo con unos amiguitos de ambiente y se preguntaban en plan jocoso, <<¿En qué te fijas primero de un tío?>> Las respuestas eran las típicas. <<En el culo.>> <<En el paquete.>> <<En lo cachas.>> Entonces uno me preguntó, <<¿Y tú en qué te fijas primero?>> Lo cavilé largamente y contesté con toda sinceridad. <<En la sonrisa.>> Vamos, el descojone. Y lo que es peor, la incredulidad. ¿Tan raro es? El caso es que me sentí más invisible que Teruel.

Que me vean ridículo puedo asumirlo, y que no comulguen conmigo también (¡faltaría más!). Pero que no me crean, sobre todo cuando hablo de mis propios sentimientos, de mis vivencias, de mi propio yo, de cosas tan propias que sólo yo podría saberlas… me hiere en lo más profundo de mi ser, me revienta. Eso es llamarme mentiroso, y mentiroso no soy.

Así, pues, necesito escribir también para sentir que existo, máxime cuando me siento solo en mi realidad. El verbo escrito brinda cierta permanencia, solidez y hasta inmortalidad a una existencia fantasmagórica y efímera. Y yo en mi forma de entender la sexualidad me siento muy, muy solo.

En el plano más político (lo personal es político), quiero escribir relatos eróticos también porque creo que el sexo es una parte natural de la vida y de las sociedades, y debería tratarse como tal. Como cualquier otro aspecto de la sociedad, el sexo – siendo una relación entre personas – es político y forma parte de las relaciones jerárquicas de poder que predominan. Tal como las relaciones laborales, las sexuales pueden y deben ser criticadas desde una perspectiva política ya que seguir una política sí tiene implicaciones para estas relaciones; incide en su estructura, su organización y hasta sus premisas. Yo soy partidario de las relaciones horizontales (de igual a igual) y libertarias, con claras implicaciones en el ámbito sexual. Vivimos en un mundo donde las relaciones horizontales y libertarias brillan por su ausencia. Pero muchas veces se confunde crítica con denuncia – es decir, con limitarse a denunciar lo que está mal. La crítica también puede ser constructiva, una plataforma para proponer alternativas.

De acuerdo con mi humor basculante, escribiré algunos relatos alegres y otros tristes, pero siempre con la intención de hacer algún comentario social sobre uno o varios aspectos de las relaciones sexuales, tanto los que veo positivos como los que veo negativos. Como regla general no escribo nada sin hacer un comentario, pues comentar es lo que más me motiva de escribir.

Finalmente, porque la sinceridad, y la coherencia, me lo exigen. Soy una criatura sexual, he tenido y tengo una vida sexual activa. No soy asexual, la sexualidad es parte de mi vida, de mi existencia. ¿Acaso debería sentir vergüenza? ¿Acaso es algo malo? Si no es algo malo, debería poder hablarse con naturalidad. Y sin embargo, llevo toda la vida callado.

Mi objetivo político es contribuir a la construcción de una manera libertaria de entender la sexualidad, es decir: positiva, horizontal, igualitaria, empática y fundamentada en valores humanos y solidarios. Este es un proyecto del que poca gente habla, y los que hablan no dan detalles. Pero para construir algo hay que ser explícito, y la sexualidad no es diferente.

Publicado en sexualidad | Etiquetado: | Deja un Comentario »

Anecdotario madrileño

Publicado por mikiencolor en 12 Agosto 2009

Barrunto que esta sección será una constante de este blog, pues Madrid da mucho de sí y genera millones de historietas. En mi anecdotario madrileño contaré las cosas que veo por ahí en los madriles, algunas tristes, otras esperanzadoras y otras más surrealistas que un rey demócrata nombrado por un dictador fascista. Esta es una ciudad, como me gusta decir, singular, que en los últimos diez años ha concentrado muy de golpe una fauna humana de lo más inverosímil y estrambótica. Tanto es así que varias veces me ha tocado hacer de guía a visitantes de algún pueblo lejano y contemplar cómo algunos españoles se asustan cuando conocen su capital, cuya repentina movida la ha catapultado en cosa de tres decenios adonde urbes de la talla de Estocolmo, Berlín, París o Nueva York han debido esperar un siglo o más para llegar y cuya sobrevenida mezcolanza de habitantes y corrientes ya empieza a transformarla en algo del cual su naturaleza última aún se vislumbra tenue.

Y tras tamaña parrafada deciros que…empezaré ligero.

Aquí en Madrid tenemos algunas peculiaridades cuanto menos curiosas. Cuando un tren entra en una estación a tope de viajeros lo cívico y correcto es que los que esperan en el andén se aparten de las puertas antes de montar para dejar sitio a los que van dentro y quieren bajar; normal, dices, y así, por supuesto, lo hacemos. Pero parece que lo temporizamos. Si en un tiempo prudente no terminan de salir todos del tren con intención de hacerlo, los del andén perdemos la paciencia y revertimos el flujo. Siempre empieza con uno que sube contracorriente, y los demás, quizás pensando “pues si este se adelanta y coge una silla, yo no voy a ser menos”, le siguen en tromba. Es como si aquello de esperar educadamente a que todo el mundo se baje del tren antes de subir no lo hiciéramos por civismo ni sentido del orden. Más bien se parecería tratar de un civismo cronometrado, programado y ajeno a teorías éticas; y a partir de un determinado momento decidimos, “¡Que ya está bien de gente que sale, coño! Ya han bajado bastante, ahora toca subir.” Que para ello haya que echar pa trás a un puñado de rezagados es lo de menos, ¡habérselo pensado antes de rezagarse hombre! Si hubiera que traducirlo al lenguaje Sims, supongo que se vería como una barrita verde de impaciencia por encima de nuestras cabezas que de a poco iría llenándose. Un ritual, pues, más que un gesto de civismo. Sin embargo, raramente nos mosqueamos por esta ‘falta de respeto’; la aceptamos, resignados, como algo natural. Menos mal, eso sí, que no estamos lastrados por las subrutinas para salvar obstáculos de los pobres y sufridos sims.

Publicado en madrid, ocurrió en madrid | Etiquetado: | Deja un Comentario »

Perros de pelea

Publicado por mikiencolor en 6 Agosto 2009

Soldados quieren, no compañeros.

Machos quieren, no humanos.

Violentos, duros, embrutecidos, no amantes, machotes en busca perpetua de sangre y una hembra sumisa que montar. Implacables para competir, violentos para guerrear, bravos para triunfar y enorgullecer.

Guerreros y conquistadas es lo que quieren, no ciudadanos. Guerreros para invadir y sojuzgar. Sociópatas para ejecutar sin que les tiemble el pulso, muertos de la cintura para arriba para hacer lo que hay que hacer, no seres empáticos con los que compartir. El amor es conquista, dicen, que se consuma con la invasión. Conquista, invasión, ocupación.

Rudos, recios para el tajo nos quieren, y productivos. Asquerosos, repugnantes, vomitivos, repulsivos, así nos quieren. Temibles, aterradores, no tiernos, no miedosos. Peligrosos y bellos nos quieren, no impotentes y feos, soldados en reserva y siempre prestos para la pelea.

Guerreros para guerrear con otros guerreros quieren, supervivientes para iniciar a futuros guerreros, verdugos para formar a futuros verdugos, un ciclo interminable de tiranos expertos en dolores y crueldades quieren. Perros de pelea, eso es lo que quieren. Qué vergüenza les provoca la mansedumbre. Qué desprecio les merece la ternura. Toros de lidia quieren, no mansos. Toros bravos para el ruedo, pan y circo y locura inapelable, eso es lo que quieren.

¿Dónde están los objetores? ¿Dónde estáis? Menudo infierno es esto.

Publicado en anti-violencia, feminismo, género, no a la guerra | Etiquetado: , , , | Deja un Comentario »