El Yoscopio

La nota discordante

El significado de queer

Publicado por mikiencolor en 9 octubre 2011

En una ocasión me encontraba sentado en el sofá al lado de una pareja. Las dos chicas eran amigas de mi compañero de piso de entonces; ellas se iban del piso cuando yo entraba. Mirábamos la tele y salió un anuncio de esas bebidas sanas tipo Actimel presentado por una tía fornida, de mentón ancho, pelo corto, complexión formidable, semblante serio y mirada penetrante que imponía una autoridad desperdiciada en intentar convencernos de una más que improbable tesis: que su salud y su impresionante musculatura se debieran a su consumo de la bebida de la patrocinadora. «¡Qué asco!», escucho de repente. «Pues sí.», confirma la otra. «¿Por qué?» demando a la pareja. «¡Pues porque parece un hombre!» insiste la primera, y prosigue, «No sé a quién le puede gustar una mujer así.» «Pues a mí me gusta» contesto yo, empezando a cabrearme. Y las dos me lanzan una mirada ojiplática como si allí mismo me acabara de bajar de la nave nodriza. «¿Cómo dices?» me preguntan entre incrédulas y escandalizadas, cejas arqueadas hasta el infinito. «Yo la encuentro muy atractiva» declaro, ya en abierta rebeldía. Se miran la una a la otra hasta satisfacerse de haber comprobado el hecho de mi locura en el espanto cómplice que reflejaban sus propios ojos, y después vuelven a mirarme a mí – al loco. ¿Qué decirle a un loco? Finalmente se atreve una, «Tú eres muy raro.» Yo me callo. No me vuelven a dirigir la palabra en lo que resta de nuestra corta convivencia.

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Una respuesta hacia “El significado de queer”

  1. Diana Michael escribió

    Es realmente molesto encontrarse con esa gente. Para ellos, el mundo se divide en blanco y negro, lo que tendría que ser y lo que no. Los hombres tienen que parecer de X manera y las mujeres de Y (o al revés), y con el resto de cosas, me consiento hacer los comentarios en alto que me da la gana, porque por supuesto, el resto de la humanidad ESTARÁ de acuerdo conmigo: hay que sojuzgar, vetar lo que esté fuera de la norma. Es esa última actitud la que a mí también me cabrea. A mí tampoco me parecen atractivas determinadas mujeres (y hombres) y no grito: “¡qué asco!” cuando pasan cerca, porque ellas son muy dueñas y señoras de su aspecto; pero oye, a lo mejor debería empezar a expresarme con la misma vehemencia. Veríamos.

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