El Yoscopio

La nota discordante

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Erotismo y sexo igualitarios

Posted by mikiencolor en 20 enero 2012

Esta entrada la escribí a modo de reflexión acerca de esta otra, que versa sobre Andrea Dworkin y la pornografía: http://basta-ya-de-violencia-patriarcal.blogspot.com/2011/09/la-pornografia-importa-andrea-dworkin.html . Las personas que me conocen saben que Dworkin es de las filósofas (y filósofos) con las que más comulgo.

La pornografía no es sino el fiel reflejo de la cultura sexual machista de la sociedad en la que vivimos. Es el depositario de la ideología del machismo en su vertiente erótica, y se alimenta de la cultura a la que se dirige. No existe en un vacío; es parte de la cultura de la que parte, y a la que vuelve. No sólo educa a la sociedad, sino que bebe de ella. Son los mismos que dicen «putas todas» y «te meto dos hostias, chaval», está todo vinculado. A menudo se propone como solución definitiva que no nos eduquemos en pornografía. ¿Cómo podemos no educarnos en pornografía si es lo único que hay, y el fiel reflejo del único modelo erótico que se ofrece?Una trieja de dos chicos acurrucados al fondo y una chica al frente, con las manos de los chicos descansando sobre el pecho y cuello de la chica, las tres dormidas.

En el blog enlazado hay un cartel que dice (al omnipresente hombre hetero) «Cuando maltratas a una mujer, dejas de ser un hombre». Se entiende que ser hombre es lo mejor de lo mejor, y que lo más despreciable es no serlo. Se pretende utilizar la propia ansiedad misógina de los machotes precisamente para cambiar su comportamiento misógino. Se pretende convencerles de que nunca deberían pegar a una mujer – porque al hacerlo se iban a convertir en lo que más desprecian del mundo – ¡en mujeres! En unos afeminados. Es decir, que el acto los “rebajaría” al mismo nivel de la mujer a la que pegan y, en consecuencia, los hombres de verdad deben dirigir su agresión únicamente hacia otros machos, lo cual tendría el efecto de demostrar su virilidad. Un macho, hemos de creer (un hombre de verdad), no pega a una mujer, no porque pegar sea malo en principio, sino porque las mujeres son débiles y el macho es fuerte, y por lo tanto el macho no se mide con mujeres, sus inferiores, sino con otros machos que son siempre sus iguales y semejantes (aunque sean más débiles que él – da igual). Que un macho violente a una mujer carece de mérito, no porque sea inmoral la agresión, sino por la inferioridad de la mujer respecto al macho; en cambio, si un macho violenta a otro macho, siempre tiene mérito y se convierte en un acto moral por dirigirse a un igual, aunque en realidad la víctima sea menuda, porque aunque esté en inferioridad de condiciones, no es un “inferior”. Se ve que la determinación de inferioridad en este caso no viene dada por la vulnerabilidad o la imposibilidad de defenderse (que no protegen al macho débil), sino únicamente por sexo. Así es como se rebaja el maltratador si maltrata a una mujer, y «deja de ser hombre». Es una campaña, en resumen, que no sólo no repudia la violencia en principio, sino que además da por hecho la legitimidad moral de la misoginia.

Dos personas de sexo ambiguo, posiblemente masculino por su pecho plano, se abrazan y se besan sentadas una delante de la otra en una cama. Una se sienta sobre sus piernas y la otra abraza con las suyas a la primera.¿Esto es coherente con los valores igualitarios? Es un oxímoron pretender luchar contra la violencia machista con arreglo a los valores machistas. Es un proyecto condenado a fracasar por sus propias contradicciones y, si me apuras, es una campaña misógina, reaccionaria, heterosexista y retorcida. Lo menciono porque esta cultura misógina – de la que esta campaña depende y que en este caso se reproduce nada menos que en un entorno radicalfeminista – no es distinta a la cultura misógina que se expresa a través de la heteropornografía criticada en el blog. Son la misma cultura.

Si queremos abolirla, tenemos que tomar una decisión muy dura y que nos generará mucha enemistad y resistencia: la de renegar de la figura del machote y de la hombría (y la “cultura masculina”) por completo y hacer una cultura igualitaria juntas, entre todas, que sirva como nuestra cultura base y común, con independencia de nuestro género, preferencia sexual, etnia u otras identidades. La cultura del macherío debería desaparecer. ¿Estamos dispuestas a esta desmachificación? Lo pregunto porque conllevaría, entre otras cosas, una reforma tan profunda del erotismo que quedaría irreconocible. Tendríamos que sincerarnos todas con nuestros propios deseos y motivaciones.

El modelo erótico-sexual existente se basa en la subjetividad masculina – es decir, cuando se dice «sexo», se refiere al sujeto masculino, y específicamente a que un pene entre en un orificio, y las mujeres se construyen y constituyen en función del deseo subjetivo de este omnipresente sujeto masculino, el Gran Hermano. Además, se entiende, de acuerdo con el modelo sexual predominante – el machista – que los genitales masculinos son intrínsecamente degradantes y que el contacto con un pene de por sí es degradante, que la eyaculación de por sí degrada a cualquier persona que entre en contacto con ella y, en definitiva, que el contacto erótico con el pene desvirtúa a la persona contactada. Esta es la base y el fundamento de la arraigada homofobia masculina. Los hombres heterosexuales temen ser desvirtuados, «amariconados», «afeminados», es decir, rebajados a la casta femenina, al estatus que, según creen, debe estar reservado, por derecho, a la clase de las mujeres. Las mujeres han sido objetos de deseo para los hombres heterosexuales, sin reconocimiento ni de una subjetividad ni de una humanidad propias. La propia concepción de la sexualidad femenina en esta cultura es de reconciliarse con el ser utilizada y sometida en el acto sexual, pues el mismo acto sexual se define así por antonomasia. Así, en la medida en que la cultura plantea, hoy en día, la subjetividad femenina, ésta se concibe, normalmente, como un deseo subjetivo de quererse someter.  La pornografía refleja fielmente todo ello.

Y ¿qué de la concepción del deseo masculino? Si aceptamos que los hombres heterosexuales entienden que sus propios genitales desvirtúan y degradan a las personas a través del mero contacto con ellos o tan siquiera con su mera presencia – y sabemos que lo entienden, salvo honrosas excepciones, por su galopante homofobia, su terror a que otro tío los toque, a que se vean «maricones», por el significado que tiene «follarse» a alguien, y un largo etcétera que demuestra que lo comprenden – entonces la pregunta es, ¿cómo pueden ser felices? ¿No debería sentarles fatal que el significado de su deseo pasional, de su erotismo, y hasta de sus cuerpos, sea finalmente para sus supuestas ‘amadas’  su humillación, degradación, estigmatización y sometimiento? ¿No debería destrozarles la autoestima? Tendrían que tener pánico al sexo, no entusiasmo. No es para menos, si lo que significa la exDos chicos se abrazan y se acarician de pie bajo el chorro de una ducha y cruzan sus penes erectos mientras se miran con una mezcla de ternura y excitación.presión sexual de una persona de anatomía biológicamente masculina es lo que se enseña en la pornografía: destrozar física- y moralmente al amante o la amante, es para sentir horror y vergüenza. Y algunos, en efecto, lo vivimos así.

Pero la inmensa mayoría de los varones no siente nada de eso – al contrario, tiene una autoestima sexual a prueba de bombas que contrasta de forma totalmente surrealista con el asco e inquietud que suelen provocar tanto a otros hombres heterosexuales como a las mujeres, y hasta a las mujeres heterosexuales, que por lógica tendrían que ser las más atraídas y a las que sin embargo, según insisten los mismísimos machistas, normalmente deben compensar de algún modo por aguantar el profundo disgusto de su «compañía». Son también degradados, como depredadores. Y sin embargo, paradójicamente, su autoestima sigue tan pancha, como si no se dieran ni cuenta, o no les importara. ¿Cómo es posible?

¿Cómo puede mantener una persona su autoestima sexual cuando el efecto de su sexualidad es el de provocar temor, miedo, repulsión y asco? Sólo se me ocurre una forma: haciéndose sádica, pues el sádico deleita con el sufrimiento ajeno que provoca, y le hace sentirse mejor. Sólo un sádico sentiría orgullo y satisfacción por generar temor y asco. A cualquier otra persona le horroriza y deprime. Y ser hombre en esta sociedad es, o ser sádico, o deprimirse. Creo que es así.

Tenemos así una cultura tuneada meticulosamente para generar hombres sádicos, que celebran su asquerosidad y el miedo que infunden, pues les acompaña una cultura entera que celebra lo mismo con ellos aun cuando ésta hace ademán de llevarse las manos a la cabeza por sus excesos. Y si no, explíquenme, entonces, para qué sirve ese dichoso cartel reprochando al maltratador que debe sentir vergüenza más por afeminado que por cruel.

Un hombre tumbado de lado le acaricia la vulva y le besa el seno a una mujer tumbada y vista de frente con la cabeza echada para atrás y la espalda arqueada.He leído erotismo femenino escrito por mujeres y no mejora el percal para nada; es igual en el fondo al porno masculino. Es una dominación más suavizada, una conquista edulcorada, pero al final casi todo erotismo androfílico se basa en la misma concepción primordial: El macho irreprimible marca su presa (normalmente hembra, a veces un macho amansado), sus hormonas le nublan el juicio, siente que debe poseerla, la acosa, la atrapa, la conquista, la toma, se le echa encima, ella se resiste, él la empuja, se impone, la posee y finalmente ella «se deja hacer», complacida. Y es que es esto lo que se considera  «erótico» y «atractivo» en el macho, mientras que el punto erótico femenino se halla en la pasividad, que en el erotismo heterosexual básicamente viene a ser en que a la mujer le guste lo que sea que quiera hacerle el macho de turno, o no, según le plazca al mismo. Afrontémoslo, el erotismo heterosexual en particular, y el androfílico en general, es un erotismo de la violación.

Eso sí, no hay personas reales abusadas en el erotismo escrito, aunque sea también violento su contenido – pero eso es de esperar. Abusar de personas reales para sentir placer sexual es de personas sádicas. De personas incapaces de entender el propio deseo sexual sino a través del sadismo. Y es que eso es lo que la sociedad entera quiere de sus machos, a los que luego manda a matar «maricones» en el extranjero – que sean sádicos, sobre todo eso.

¿Hasta cuándo seguimos con este modelo? Si este modelo no cambia, no va a cambiar nunca nada. Lo atractivo de un chico ya no puede ser su «virilidad», ni su «potencia» ni lo atractivo de una chica puede ser ya su «cara bonita» o sus modales de niña pequeña. Digamos que se acabó todo todo. Habría que resignificarlo todo y hacer una ética sexual nueva, desde cero, y le seguiría entonces un erotismo igualitario. ¿Qué es el sexo igualitario? ¿Cómo es? Si las personas se acercan mutuamente como sujetos e iguales, ¿qué surge? ¿Qué queremos si lo que queremos es sexo igualitario?

Quiero que haya otro modelo e imágenes eróticas que promuevan una visión igualitaria de la sexualidad con las que educarnos y de las que beber culturalmente y en las que inspirarnos. Pero de momento sólo hacen cosas centradas en el dolor y el sufrimiento, la degradación o la humillación, y la dominación y sumisión como artefactos eróticos (que en la cultura heterosexual viene a ser casi todo lo que hay, y en la mayor parte de las culturas LGB, que calcan la heterosexual, también). Las igualitarias tendríamos que exponer y desarrollar abiertamente esta alternativa que deseamos, ¿no?

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