El Yoscopio

La nota discordante

Solo conmigo mismo

Posted by mikiencolor en 26 agosto 2009

Una noche, mientras estaba tumbado en la cama pensando sin cesar, como suelo hacer, me quedé dormido sin saberlo. En serio, continuaba rumiando lo mismo en sueños que había rumiado en vigilia, sin darme cuenta de haber sobado. Me encontraba tumbado en una cama y habitación oníricas meticulosamente recreadas, y mis pensamientos seguían su curso de manera ininterrumpida. Entonces, de súbito, sentía cómo una fuerza recia e invisible me agarraba el cuello y me empujaba hacia arriba por la cabecera, estrangulándome. Desde su perspectiva podía ver cómo me llevaba las manos al cuello y luchaba para respirar. En mi lucidez me era evidente que aquello era irreal y sabía que debía estar soñando. Sentía pánico, pero a la vez una extraña y enfermiza curiosidad, y como sabía que sólo se trataba de un sueño medía mi ansiedad y no me dejaba intimidar por la estrangulación, razonando que no se correspondía con ninguna asfixia en el mundo real. No deseaba despertarme, sino permanecer dormido para sentir cómo continuaba la vejación, casi para saborearla y entregarme en cuerpo y alma a ella. Al rato, el ente malicioso parecía decepcionarse con mi sosiego ante su terrorífica agresión y lo dejaba, sólo para luego volver a estrangularme con todavía más fuerza y ahínco, hasta que sentía que me faltaba el aire y, por mucho que razonara que en el mundo real no me asfixiaba, el horror ya superaba la curiosidad y sí deseaba despertar, cosa que conseguí tras un periodo de parálisis.

Al despertarme lo primero que noté fue que estaba solo conmigo mismo.

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Afán por escribir

Posted by mikiencolor en 26 agosto 2009

Siempre me ha gustado escribir, pero paradójicamente no mancho mi pluma. Tengo a la vez mucho que decir y mucho reparo a la hora de decirlo. A lo mejor es que tengo demasiado que decir y no sé sintetizarlo en un todo coherente, no sé. A lo mejor es inseguridad, miedo a enfrentarse al mundo. Sea lo que sea, he decidido que voy a tirarme al agua, aunque cueste lo suyo arrancar. Esta semana he estado probando una nueva técnica: escribir mi propia historia, mi vida. Autobiografiarme. Dicen que una de las musas más provechosas es uno mismo. Mi teoría es que, partiendo de una historia propia se la puede moldear, casi esculpiéndola, para sacarle al final otra forma que no tiene nada que ver con la original, con otros personajes y hasta otro desenlace, y sin embargo con una base tan sólida como pudo ser la propia realidad en un momento dado. Veremos a ver si funciona en la práctica.

Tengo dos impulsos: el de escribir historias tristes y deprimentes y el de escribir historias felices y esperanzadoras. De momento parece que no hay término medio. Soy una persona extremista, lo reconozco, y vivo mis emociones intensamente. Tengo muchos sentimientos dentro de mí, algunos odiosos, otros amorosos y compasivos. Los odiosos los reprimo muchísimo, y esto lleva a que me salgan en ráfagas, normalmente por la espita de la socarronería. Tengo que sacarlos todos, y con mis relatos se tratará también de eso: de sacar mis sentimientos.

Voy a escribir relatos eróticos, por varias razones. Primero, porque necesito hacerlo. Que yo sepa o haya visto, nadie escribe las cosas que yo deseo, fantaseo, imagino o, en algunos casos, ¡ni siquiera las que he vivido! Y sí, he leído mucho slash. Atender a mi sexualidad es una tarea pendiente para mí desde hace más de diez años y no quiero darle más largas. Por un lado, tengo que aclararme, y eso lo hago mejor por escrito. Por otro, tengo que explorarme. Y por otro, tengo que afirmarme.

La confusión sexual me viene de lejos, desde que descubrí el sexo. Más que confusión creo que es alienación. Puedo estar con cualquier grupo y cuando empiezan a hablar de sus gustos sexuales me siento como un bicho raro. Recuerdo cuando, en una ocasión, salí a tomar algo con unos amiguitos de ambiente y se preguntaban en plan jocoso, «¿En qué te fijas primero de un tío?» Las respuestas eran las típicas. «En el culo.» «En el paquete.» «En lo cachas.» Entonces uno me preguntó, «¿Y tú en qué te fijas primero?» Lo cavilé largamente y contesté con toda sinceridad. «En la sonrisa.» Vamos, el descojone. Y lo que es peor, la incredulidad. ¿Tan raro es? El caso es que me sentí más invisible que Teruel.

Que me vean ridículo puedo asumirlo, y que no comulguen conmigo también (¡faltaría más!). Pero que no me crean, sobre todo cuando hablo de mis propios sentimientos, de mis vivencias, de mi propio yo, de cosas tan propias que sólo yo podría saberlas… me hiere en lo más profundo de mi ser, me revienta. Eso es llamarme mentiroso, y mentiroso no soy.

Así, pues, necesito escribir también para sentir que existo, máxime cuando me siento solo en mi realidad. El verbo escrito brinda cierta permanencia, solidez y hasta inmortalidad a una existencia fantasmagórica y efímera. Y yo en mi forma de entender la sexualidad me siento muy, muy solo.

En el plano más político (lo personal es político), quiero escribir relatos eróticos también porque creo que el sexo es una parte natural de la vida y de las sociedades, y debería tratarse como tal. Como cualquier otro aspecto de la sociedad, el sexo – siendo una relación entre personas – es político y forma parte de las relaciones jerárquicas de poder que predominan. Tal como las relaciones laborales, las sexuales pueden y deben ser criticadas desde una perspectiva política ya que seguir una política sí tiene implicaciones para estas relaciones; incide en su estructura, su organización y hasta sus premisas. Yo soy partidario de las relaciones horizontales (de igual a igual) y libertarias, con claras implicaciones en el ámbito sexual. Vivimos en un mundo donde las relaciones horizontales y libertarias brillan por su ausencia. Pero muchas veces se confunde crítica con denuncia – es decir, con limitarse a denunciar lo que está mal. La crítica también puede ser constructiva, una plataforma para proponer alternativas.

De acuerdo con mi humor basculante, escribiré algunos relatos alegres y otros tristes, pero siempre con la intención de hacer algún comentario social sobre uno o varios aspectos de las relaciones sexuales, tanto los que veo positivos como los que veo negativos. Como regla general no escribo nada sin hacer un comentario, pues comentar es lo que más me motiva de escribir.

Finalmente, porque la sinceridad, y la coherencia, me lo exigen. Soy una criatura sexual, he tenido y tengo una vida sexual activa. No soy asexual, la sexualidad es parte de mi vida, de mi existencia. ¿Acaso debería sentir vergüenza? ¿Acaso es algo malo? Si no es algo malo, debería poder hablarse con naturalidad. Y sin embargo, llevo toda la vida callado.

Mi objetivo político es contribuir a la construcción de una manera libertaria de entender la sexualidad, es decir: positiva, horizontal, igualitaria, empática y fundamentada en valores humanos y solidarios. Este es un proyecto del que poca gente habla, y los que hablan no dan detalles. Pero para construir algo hay que ser explícito, y la sexualidad no es diferente.

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Anecdotario madrileño

Posted by mikiencolor en 12 agosto 2009

Barrunto que esta sección será una constante de este blog, pues Madrid da mucho de sí y genera millones de historietas. En mi anecdotario madrileño contaré las cosas que veo por ahí en los madriles, algunas tristes, otras esperanzadoras y otras más surrealistas que un rey demócrata nombrado por un dictador fascista. Esta es una ciudad, como me gusta decir, singular, que en los últimos diez años ha concentrado muy de golpe una fauna humana de lo más inverosímil y estrambótica. Tanto es así que varias veces me ha tocado hacer de guía a visitantes de algún pueblo lejano y contemplar cómo algunos españoles se asustan cuando conocen su capital, cuya repentina movida la ha catapultado en cosa de tres decenios adonde urbes de la talla de Estocolmo, Berlín, París o Nueva York han debido esperar un siglo o más para llegar y cuya sobrevenida mezcolanza de habitantes y corrientes ya empieza a transformarla en algo del cual su naturaleza última aún se vislumbra tenue.

Y tras tamaña parrafada deciros que…empezaré ligero.

Aquí en Madrid tenemos algunas peculiaridades cuanto menos curiosas. Cuando un tren entra en una estación a tope de viajeros lo cívico y correcto es que los que esperan en el andén se aparten de las puertas antes de montar para dejar sitio a los que van dentro y quieren bajar; normal, dices, y así, por supuesto, lo hacemos. Pero parece que lo temporizamos. Si en un tiempo prudente no terminan de salir todos del tren con intención de hacerlo, los del andén perdemos la paciencia y revertimos el flujo. Siempre empieza con uno que sube contracorriente, y los demás, quizás pensando “pues si este se adelanta y coge una silla, yo no voy a ser menos”, le siguen en tromba. Es como si aquello de esperar educadamente a que todo el mundo se baje del tren antes de subir no lo hiciéramos por civismo ni sentido del orden. Más bien se parecería tratar de un civismo cronometrado, programado y ajeno a teorías éticas; y a partir de un determinado momento decidimos, “¡Que ya está bien de gente que sale, coño! Ya han bajado bastante, ahora toca subir.” Que para ello haya que echar pa trás a un puñado de rezagados es lo de menos, ¡habérselo pensado antes de rezagarse hombre! Si hubiera que traducirlo al lenguaje Sims, supongo que se vería como una barrita verde de impaciencia por encima de nuestras cabezas que de a poco iría llenándose. Un ritual, pues, más que un gesto de civismo. Sin embargo, raramente nos mosqueamos por esta ‘falta de respeto’; la aceptamos, resignados, como algo natural. Menos mal, eso sí, que no estamos lastrados por las subrutinas para salvar obstáculos de los pobres y sufridos sims.

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Perros de pelea

Posted by mikiencolor en 6 agosto 2009

Soldados quieren, no compañeros.

Machos quieren, no humanos.

Violentos, duros, embrutecidos, no amantes, machotes en busca perpetua de sangre y una hembra sumisa que montar. Implacables para competir, violentos para guerrear, bravos para triunfar y enorgullecer.

Guerreros y conquistadas es lo que quieren, no ciudadanos. Guerreros para invadir y sojuzgar. Sociópatas para ejecutar sin que les tiemble el pulso, muertos de la cintura para arriba para hacer lo que hay que hacer, no seres empáticos con los que compartir. El amor es conquista, dicen, que se consuma con la invasión. Conquista, invasión, ocupación.

Rudos, recios para el tajo nos quieren, y productivos. Asquerosos, repugnantes, vomitivos, repulsivos, así nos quieren. Temibles, aterradores, no tiernos, no miedosos. Peligrosos y bellos nos quieren, no impotentes y feos, soldados en reserva y siempre prestos para la pelea.

Guerreros para guerrear con otros guerreros quieren, supervivientes para iniciar a futuros guerreros, verdugos para formar a futuros verdugos, un ciclo interminable de tiranos expertos en dolores y crueldades quieren. Perros de pelea, eso es lo que quieren. Qué vergüenza les provoca la mansedumbre. Qué desprecio les merece la ternura. Toros de lidia quieren, no mansos. Toros bravos para el ruedo, pan y circo y locura inapelable, eso es lo que quieren.

¿Dónde están los objetores? ¿Dónde estáis? Menudo infierno es esto.

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