El Yoscopio

La nota discordante

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Falocentrismo e invisibilidad bisexual

Posted by mikiencolor en 1 julio 2012

Esta entrada es a raíz de este vídeo que publicó un compañero en el grupo STOP Bifobia:

Se trata de la visión que da el conocido humorista sevillano Manu Sánchez en su programa de Canal Sur sobre una carta en la que un chico explica que él y otro chico estaban teniendo sexo con una chica, que la chica se corrió y eyaculó sobre ellos y se quedó bastante ‘satisfecha’, que ellos estaban aún excitados así que se arriman y tienen sexo entre ellos hasta correrse también. Ahora se preguntan, y preguntan a Manu, y preguntan al mundo: «¿Esto significa que somos gays?».

Cuatrieja de tres hombres y una mujer

La de en medio ahora se pregunta, «¿esto significa que soy un hombre gay?»

Con lo tierna y atractiva que me resulta la situación que describen: le comen el coño, eyacula ella y se corre hasta hartarse y ellos, pobrecitos, se arriman con el calentón aún encima. Suena divino. Me pone. ¿Y todo eso para sentir vergüenza y remordimientos después? ¡Qué lástima! Qué manera de estropear una experiencia bonita con una ideología estúpida. Evidentemente se hace cachondeo con el tema, y el cachondeo es divertido. Yo, al menos, reí. Pensad que eran unos clítoris muy grandes, y tal. Está claro que en una parte no despreciable de la población masculina española, la homofobia se empieza a desvanecer. No es de extrañar que los neomachistas monten en cólera y les cunda el pánico. Esto tira. Pero me ha resultado interesante porque en el trasfondo del cachondeo he visto premisas serias que aún no se cuestionan, y quiero hablar de ellas.

Es muy fácil recibir el carné de gay si eres chico. Tocas una polla, y ya. Eres gay. Para siempre. Fue el carné de identidad más fácil que conseguí en mi vida. A mí, la verdad sea dicha, ni siquiera me hizo falta tocar una polla. Ya antes de tocar ninguna, simplemente afirmé que no me importaría tocar una. Y ya. Me dieron el carné en el acto. No hizo falta nada más. Desde entonces, fui ‘gay’. Desde ese mismo momento nadie me disputó nunca que yo pudiera ser gay. De quererlo ser, puedo. Y aunque no lo sea, lo soy. Que sea bisexual, eso sí que me lo disputan. Pero si quisiera ser gay definitivamente – y con la de chicas con las que me he enrollado y coños que he tocado – no tendría que hacer más que comunicarlo a la Junta Directiva Monosexual. «Miren, de bisexual nada. Soy gay.» Y ya. Uno más. Me volvería gay. Mi identidad estaría blindada con teflón.

Nunca podré ser heterosexual – y no es que quiera, pero aunque quisiera, no podría. Me he liado con chicos, y eso me inhabilita. Me he comido una polla. Se corrió sobre mi cara. Me corrí con él. Y lo disfruté muchísimo. Eso me inhabilita para ser heterosexual. Los hombres heterosexuales no quieren saber nada de mí. Las mujeres heterosexuales tampoco.  (Generalizo, cariño. Tú no. Tú, ya sé que eres distintx). Pero que me haya comido un coño o cien o mil da igual. No inhabilita para ser gay. Si solicito el carné de heterosexual me devuelven la solicitud con el sello: DENEGADO, POR COMEPOLLAS. Pero aunque se hayan corrido un solo coño o mil coños o cien mil coños sobre mi cara y yo lo haya disfrutado, yo siempre seré apto para pedir el carné de gay. Y de hecho, lo recibo ya, y pone: GAY, MIEMBRO DE PLENO DERECHO. POR COMEPOLLAS. Y OTRAS MIL COSAS. Y tengo que devolverlo constantemente y solicitar por pedido especial el bisexual y todo para que enseguida me devuelvan el gay con una carta amable y educada: «Sr. Gay: Dado que no sería razonable imprimir carnés nuevos ya que ello nos supondría reconocer la validez de una identidad etiquetable y por lo tanto alienante a nuestros miembros que se etiquetan como queers, validar una visión binaria del sexo-género con la cual los homosexuales, como nuestro mismo nombre indica, no comulgamos, rebasar el límite de caracteres ASCII impuesto por la escasez de memoria de nuestra base de datos y un incumplimiento de los Protocolos de Kioto de los tipificados como graves, y seguros de que usted estará de acuerdo en que la protección del Amazonas es un asunto de primerísima importancia, nos complace rogar se considere usted y su “bisexualidad” plenamente cubierto, incluido e integrado ya en la comunidad gay por virtud de la presente. De nada, querido.»

Feminismo bisexual

Feminismo bisexual, ¡cuánta falta haces!

La identidad de varón gay es sumamente fácil de ganar y puedes estar tranquilo cuando te la has ganado: nadie te la va a quitar nunca una vez concedida, hagas lo que hagas. Si no, pregunta a Rajoy. Como mucho, puedes ser un gay armarizado o reprimido. Pero gay quedas. Soy consciente de que un hombre bisexual para mucha gente, aunque admitan nuestra existencia técnica (y muchísimas personas ni admiten nuestra existencia técnica), es simplemente otro sabor de gay, pues lo determinante de nosotros, al parecer, es que tocamos pollas.

Las mujeres bisexuales, en cambio, también eternas sospechosas, reciben un hostigamiento en el que se duda de la autenticidad de su atracción hacia las mujeres; es decir, al contrario que nosotros, son sospechosas, no tanto de ser lesbianas secretas, sino más bien de ser heterosexuales encubiertas. Las cartas que reciben de la Junta no son ni la mitad de educadas que las nuestras. Ni apelan amablemente a su sentido de la responsabilidad medioambiental ni hacen mención a la protección del Amazonas, ni ninguna de esas benditas mariconadas que los gays nos prodigan. A menudo son más bien textos escuetos que se dirigen a ellas como ‘putas’ y las mandan directamente a la mierda.

En todo caso lo determinante, también para ellas, entonces, es que tocan pollas. Lo demás carece de importancia. El movimiento separatista lésbico anglosajón ha desarrollado una explicación muy sencilla y elegante para explicar por qué esto es así, que articulan de la siguiente manera: «Dick contaminates. [La polla contamina].» Dado que esta definición excluye a la mayoría de lesbianas, levanta ampollas y genera conflicto hasta dentro del propio separatismo. El enconado conflicto entre las bolleras puras, las que siempre han sido lesbianas y nunca han tenido contacto sexual con un hombre, conocidas en inglés como always-lesbians o gold-star, y las ‘contaminadas‘, conocidas como ex-heterosexuals, atestigua la importancia de la cuestión de la contaminación dentro del ámbito separatista.  Explica una bloguera separatista:

Glad to have some support for the controvercial belief that dick is about contamination. But I went further and said women who had sex with men were contaminated and I would never have sex with them. [Me alegro de contar con algún respaldo en la controvertida creencia que la polla es contaminante. Pero fui más allá y dije que las mujeres que tienen sexo con hombres están contaminadas y yo nunca tendría sexo con ellas.]

Esta misma filosofía es seguida también en el mundo de los hombres heterosexuales – del cual parece que origina. La gente heterosexual también tiene un nombre especial por el que llaman a las mujeres no contaminadas por «la polla»: vírgenes, sinónimo de puras, «sin estropear» o «sin utilizar». A las contaminadas se las conoce como «putas», y a los contaminados por la polla también se nos conoce como «putos» o «putas», aunque en Europa se prefiere «maricón». Eso no es casualidad; es así por diseño.

Beso en la polla

Método 1 de determinar la sexualidad: ¿Ud. toca o no toca pollas? Si las toca, es tocapollas. Si no las toca, es notocapollas. Fácil.

Ante tal delirante panorama, me parece difícil negar que en la cultura machista – de la que bebemos todas – la sexualidad de todas las personas se determina en función de su relación con la polla y se niega por completo la entidad y relevancia sexual de las mujeres. Por lo tanto, creo que todas las categorías sexuales consideradas como más importantes y más relevantes en la actualidad son falocéntricas.

La división entre sexualidad romántica y arromántica, afectividad sexual y asexual así como la invisibilizada identidad lésbica, no se consideran importantes ni relevantes porque no está la polla de por medio. En cambio, la división entre activos y pasivos no solo es muy conocida fuera de la comunidad gay sino que, además, de repente, la gente sabe idiomas. Te la puede recitar en inglés (top y bottom) y hasta en japonés (seme y uke). Se ve que les importa mucho. Qué menos. Tiene que ver con la polla, aquello que, por lo visto, confiere gravedad a las cosas y cuyo pozo gravitatorio es tan potente que incluso hay lesbianismos supuestamente separatistas que, de manera surrealista y paradójica, trazan fielmente su propia órbita en torno a la polla, ¡’separatismos’ en los que nada menos que la polla determina si eres o no … lesbiana!

He comprobado, incrédulo, que muchas personas parecen incapaces tan siquiera de hablar o de concebir de sexo entre chicos sin «activos» y «pasivos». Llegan a comprender aquello de «versátil» – eso es que cambias de rol según te plazca. Pero ya. Que no exista el rol no se concibe ni se admite. Creo que esto se debe a los valores absolutos que se atribuyen al pene en la ideología machista predominante, de los que he hablado ya en una entrada anterior. Yo puedo afirmar por mi parte que no he sido nunca ni activo ni pasivo en mis relaciones sexuales con chicos, ni me interesa jugar a serlo. Del mismo modo que hay personas que afirman, con toda sinceridad, «No puedo imaginar cómo dos mujeres podrían tener sexo sin un pene», las hay que afirman, por la misma regla de tres, «No puedo imaginar cómo dos hombres podrían tener sexo con sus penes sin un dominante y un sumiso. Uno conserva su masculinidad y otro la pierde.» Las dos afirmaciones parten de la misma base. Con un coño, nada ocurre. Solo ocurre algo con la polla.

La sociedad no ve tantos matices como vemos las LGTBIA. Ve hombres «maricas» o «no maricas» y mujeres que «se dejan» y otras que «no se dejan». No va más allá. Estos dos se han tocado la polla, así que ya. «¿Somos gays?» Claro. ¿Qué más?

Dentro de lo que cabe, creo que Manu se porta bien. Viene a decir – al margen del inevitable cachondeo propio de los programas humorísticos – que no, no necesariamente. Pero si fuera así, ¿qué más da? Gays y felices. Que es una respuesta, a primera vista, sensata. La única sensata. Pero ni Manu ni la colaboradora se zafan del falocentrismo que motiva la pregunta original y la invisibilidad bisexual que acarrea. A ninguna se le ocurre preguntar lo que para las bisexuales es una pregunta tan obvia ante la situación que nos resulta increíble que nadie la haga: «¿Y si son bisexuales?».

Vamos a ver si esto tiene sentido. «Comimos un coño. La chica se nos corrió encima, y nosotros, tan contentos que estábamos, que nos tocamos las pollas y nos corrimos también. Después, de inmediato se nos ocurre la siguiente pregunta: ¿Somos gays?». Solo una cultura falocéntrica hasta el infinito permitiría esta sucesión ‘lógica’ de pensamientos. Si no se es falocéntrica lo primero que invita a pensar es que son bisexuales; pero claro, como un coño no ‘vale’ ni ‘cuenta’ para nada, ¿cómo iba a determinar la sexualidad de nadie su relación con los coños y no con las pollas? Vemos así como el machismo incide en la bifobia.

Abrazo de una trieja

Método 2 de determinar la sexualidad: ¿Siente Ud. afecto por una persona con polla? Si es así, es tocapollas. Si no es así, es notocapollas.

Ahora bien, no deja de ser también curioso que para Manu y la colaboradora la homosexualidad, propiamente, no basta para merecer la identificación homosexual (la bisexual siendo ignorada por completo), sino que hace falta, además, homoafectividad. Dicen que, a no ser que los chicos se manden mensajes de texto donde se digan ‘te quiero cariño’, no son gays – aunque luego aseveran que, de ser este el caso, y de ser ellos gays, tampoco sería nada malo (vemos que es un falocentrismo gay-friendly, moderno y avanzado, sí).

Hasta esta forma de determinar la sexualidad inclusiva de la afectividad centra únicamente la relación que tienen los chicos entre sí. Para el caso de que sean gays, es por el afecto que sienten entre ellos; para el caso de que sean heterosexuales, es porque no hay afecto entre ellos. Nadie se pregunta por el afecto que puedan sentir o no sentir por la chica, ni afirma que esos sentimientos puedan ser determinantes de su sexualidad. La chica en este trío está, en todo el análisis que hacen en el programa, totalmente invisible, notoriamente ausente. Es como si fuera irrelevante, como si ella diera igual, como si, por ser mujer, careciera de gravedad y entidad y por lo tanto fuera incapaz de determinar la sexualidad de los chicos o siquiera la suya propia. Es como si, para determinar la sexualidad de cualquier persona, fuera tanto imprescindible como suficiente saber su relación o falta de relación con quienes tienen polla.

Son los chicos, y la relación que se tiene con los chicos, lo que determina la sexualidad propiamente dicha, independientemente del criterio utilizado. Bien sea porque quien toca una polla es hombre gay o mujer hetero para siempre, porque la polla contamina; bien sea porque el vínculo afectivo entre los chicos los haría gays o porque al no haber vínculo afectivo entre ellos serían heterosexuales. El contacto con el coño no importa, ni deja huella, ni tiene gravedad. El contacto con el intelecto o el mundo interior de la chica no importa, ni deja huella, ni tiene gravedad. El vínculo afectivo que se pueda sentir o no por ella no importa, ni es relevante ni determinante de la sexualidad de nadie. Queda invisible todo eso. Solo tienen entidad los machos. Por lo tanto, cualquier relación existente con la chica en este trío queda invisible y la bisexualidad, necesariamente y en consecuencia directa, queda también invisible. Así, la bisexualidad queda irrelevante en tanto que depende, para existir y cobrar validez, del reconocimiento de la entidad de las mujeres. Yo sospecho que con la invisibilidad lésbica pasa algo muy similar.

La chica de este trío es la gran ausente en toda la conversación sobre lo que debe o no debe considerarse determinante de la sexualidad de los chicos y es por ello, y no por otra cosa, que la bisexualidad es también la gran ausente. Es un falocentrismo que lleva a invisibilidad bisexual.

Parece que dan por hecho que todos los chicos somos potencialmente bisexuales en un momento de calentón, pero no necesariamente bi-afectivos. Hace unos meses en la radio madrileña escuché algo parecido. Curioso. Juraría que para las chicas el estereotipo es el contrario – que todas son potencialmente bi-afectivas sin ser necesariamente por ello bisexuales.

Definitivamente: ¡con el género hemos topado!

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El significado de queer

Posted by mikiencolor en 9 octubre 2011

En una ocasión me encontraba sentado en el sofá al lado de una pareja. Las dos chicas eran amigas de mi compañero de piso de entonces; ellas se iban del piso cuando yo entraba. Mirábamos la tele y salió un anuncio de esas bebidas sanas tipo Actimel presentado por una tía fornida, de mentón ancho, pelo corto, complexión formidable, semblante serio y mirada penetrante que imponía una autoridad desperdiciada en intentar convencernos de una más que improbable tesis: que su salud y su impresionante musculatura se debieran a su consumo de la bebida de la patrocinadora. «¡Qué asco!», escucho de repente. «Pues sí.», confirma la otra. «¿Por qué?» demando a la pareja. «¡Pues porque parece un hombre!» insiste la primera, y prosigue, «No sé a quién le puede gustar una mujer así.» «Pues a mí me gusta» contesto yo, empezando a cabrearme. Y las dos me lanzan una mirada ojiplática como si allí mismo me acabara de bajar de la nave nodriza. «¿Cómo dices?» me preguntan entre incrédulas y escandalizadas, cejas arqueadas hasta el infinito. «Yo la encuentro muy atractiva» declaro, ya en abierta rebeldía. Se miran la una a la otra hasta satisfacerse de haber comprobado el hecho de mi locura en el espanto cómplice que reflejaban sus propios ojos, y después vuelven a mirarme a mí – al loco. ¿Qué decirle a un loco? Finalmente se atreve una, «Tú eres muy raro.» Yo me callo. No me vuelven a dirigir la palabra en lo que resta de nuestra corta convivencia.

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